Esa efímera y apasionada conexión que encontrás en el boliche a las tres de la mañana, con copas de más y luces titilando, pero que al día siguiente no llegás ni a recordar el nombre.
Ayer salí con los pibes y tuve un amor de boliche. Nos juramos ir juntos al recital de La Renga, pero ahora ni sé cómo se llamaba.